Una piscina en verano y un jardín en invierno

La piscina natural como tal fue inventada en Austria, cansados de utilizar sus piscinas convencionales durante tan solo un mes al año, de su escaso atractivo durante el resto del año y del mantenimiento solicitado. Es por ello que las piscinas naturales son un sustituto ideal a las piscinas convencionales en la zona en la que vivimos. De este modo, podemos tener una lámina de agua atractiva durante todas las estaciones, en la cual nos podemos bañar cuando la climatología lo permita, en un agua libre de químicos. Además, es un elemento que atrae a fauna útil para el resto de nuestro jardín (pájaros, libélulas…), aportando un plus ecológico a nuestra zona de esparcimiento.

La piscina natural se basa en la fitodepuración. Las plantas acuáticas aceleran el crecimiento de microorganismos beneficiosos que oxigenan y regeneran el agua. Estos microorganismos descomponen todos los restos orgánicos y estos sirven como nutriente para las plantas. Al mismo tiempo la grava actúa como un filtro natural reteniendo las partículas en suspensión en el agua. El proceso natural se implementa habitualmente con un circuito de impulsión y otro de filtrado. Así, en una piscina sin químicos se consigue un equilibrio y un nivel de limpieza óptimos en el agua.

En una piscina ecológica, la zona de regeneración y de baño son independientes y pueden estar separadas u ocupar el mismo vaso. La relación de superficie que hay entre una y otra varía según el tipo de piscina, las plantas y el aporte técnico empleado.